domingo, 18 de octubre de 2009

Evolución

Después de estar leyendo un rato el libro que mi querido Hermano J. me recomendó, La muerte: Un amanecer, miro en mi interior y veo que a cada página que leo me lleno más de amor, de ternura… y comprendo en breves espacios de tiempo, el porque de los sucesos que ocurren en la vida, todos ellos con una misión: la de enseñar. Hay que ser conscientes, que cuando un ser se sumerge dentro de sus penurias, lo olvida y se lamenta, sin embargo, sorprendentemente a medida que va aprendiendo, tarda menos en levantarse, sobre todo, si se deja guiar por ese ser que sabe lo que más conviene, pero el ser humano es impaciente y quiere saber que va a pasar y cuando estamos inmersos en los problemas nos quejamos, dejamos de creer en el y en nosotros mismos, pensando que no vamos a poder con la situación, no tenemos la paciencia suficiente para dejarnos llevar hasta el final y ver los resultados, dejamos de confiar, no entendiendo que la vida es como un parto, que a base de dolor comienza un nuevo resurgir, aunque parezca que el alma se desgarra por dentro en ese momento.

Dejarse llevar, como un barquillo de papel que es arrastrado por la corriente del agua, sin oponer resistencia alguna, sumergiéndose a veces y saliendo a flote otras, para varar en una orilla y desembarcar en nuevas experiencias de vida, toda una odisea el vivir, cuantas historias en una sola vida…

Y vuelvo al principio, al libro, ese libro que me esta enseñando que cuanto más vaciamos el tarro de amor, más rápido se llena de otro amor diferente, de un amor altruista, de un amor que da sin esperar nada a cambio, un libro que habla de la muerte y sin embargo al leerlo te descubre una nueva vida.

Dejar las manos abiertas, para quien quiera pueda volar libremente, dejar las manos abiertas, para que alguien las tome entre las suyas y comparta el momento presente, dejar las manos abiertas a la vida aceptando lo que esta nos presente.

Aprender del dolor y de los errores, comprender el porqué es necesario que ocurran determinados sucesos, por que como los gusanos de seda (de estos hablaré más adelante) la evolución de toda persona tiene un orden aunque no lo parezca.

martes, 13 de octubre de 2009

Experiencias (Introducción)

A partir de aquí, una nueva etapa se habría ante ella, el rumbo no sabía a ciencia cierta cual sería, pero todo lo vivido, le recordaba algo que aún no podía poner en pie, tal vez un presentimiento o ¿sería intuición femenina?, lo cierto era que empezaba de nuevo, con una maleta llena de herramientas recogidas a lo largo de un camino, que pesaba demasiado y de la que necesitaba dejar las cosas innecesarias, pues el peso no le permitía avanzar como era debido, empezó a vaciarla y cuando se vino a dar cuenta en la maleta había una sola cosa y era espacio para llenarla de nuevo.
Reflexionó por un breve espacio de tiempo, decidió dejar la maleta y hacer el viaje que el destino le deparaba, tan lijera de equipaje que prescindiría de el.


Y se preguntarán:

- ¿Cómo se llama la protagonista?

-Experiencia

miércoles, 16 de julio de 2008

'Gracias, Pablo'


Desde que nació hace unos cinco años aproximadamente, en ocasiones cuando la ruta que siguen mis pasos, me acercan al Hospital, acudo a visitar a un “bebe” hijo de unos amigos y digo “bebe” por que para mi Pablo, siempre lo será, desde el día en que lo vi tan pequeñito, en aquella incubadora, tan tierno y a la vez tan desvalido…allí en esa pecera de cristal ,como si de un pececillo se tratara... sin poder abrazarlo, tocarlo directamente y sin que sus padres le proporcionaran toda la ternura que sólo una madre o un padre le pueda dar a un hijo, puesto que al sacarlo de esa “pecera”, hubiese entrañado un grave peligro para el de subsistencia.

¿Por qué sólo te permiten verlo a determinadas horas? ¿Cómo no se puede estar con ese ser que has llevado en tu vientre, en esos momentos tan cruciales? Si esta demostrado científicamente, que un bebe prematuro se recupera antes con el contacto, con las caricias y yo incluiría con la sensación de sentirse acompañado, de tener alguien al lado que lo haga sentir que no esta solo, de percibir amor... ¿porqué cuando lo comentas con los profesionales te dicen que una cosa es la teoría y otra es la práctica? ¿De que nos sirve tanta teoría si no la aplicamos? Podemos ser “números” en esta sociedad, pero… ¿hasta cuando? ¿En que momento vamos a empezar a discernir la burocracia tal cual, separandola de los valores y principios humanos?

Cuantos enfermos mejorarían e incluso sanarían (aunque sólo fuese su alma), sintiéndose atendidos, escuchados, acompañados…

Que reconfortante es en algunos momentos, que alguien estreche una mano… diga una frase de consuelo, una palabra bonita…

En las ocasiones que he tenido la oportunidad de visitar a Pablo, siempre he aprendido algo, bien a través de los cristales o cuando me lo han permitido sus padres o el personal, estando a su lado directamente.

Pablo… es el fruto del amor de sus padres (dos seres maravillosos) y las negligencias o el destino se han encargado de que tras cinco años, él se encuentre en la U.C.I., en coma.

Al verlo se siente impotencia, rabia, dolor… pero, por otro lado una bofetada te da de lleno en la cara y te sacude, haciéndote ver lo que es la vida. Ante esta situación como en otras, caben dos opciones:

- Rebelarse, compadecerse y lamentarse.


- La otra es darle todo el amor y tratarlo como a un niño normal, por que al fin y al cabo es eso un niño, un bebe… y es muy curioso pero las emociones se transmiten por muy sutiles que sean.


Recuerdo cierto día que fui a visitarlo… allí al fondo divisé un “bebe” con su madre, este tenía una tetraplejía, la escena que contemple fue sumamente enternecedora y una lección de vida, su mamá lo besaba y le daba tanta ternura…con los arrumacos que le hacía… que en su carita la felicidad era desbordante ¡Que plenitud y que dicha! El amor, la ternura que esa madre prodigaba a su hijo, se derramaba a raudales y si a mi me llegó, que estaba siendo una mera observadora tras los cristales, que beneficios tan extraordinarios a través de los sentimientos estarían haciendo brotar en su hijo, en tan solo el tiempo que la visita le permitía, estar junto a el.

En aquel momento me pregunté y ahora pregunto:


- ¿Cuántos de nosotros seriamos capaces de obrar como esa madre?

Lo fácil es rebelarse, compadecerse de uno mismo, pero hay que tener agallas, para dejar el egoísmo, dejar las lamentaciones y entregarse desde lo más hondo del corazón, a la vida, haciendo brotar el amor y entregándolo con todas sus bendiciones.

Gracias Pablo, por hacerme ver tantas cosas, en tan poco tiempo, esta es sólo una de ellas.

Gracias a tus padres, por ser como son y por tener un hijo tan especial.

Gracias a esa madre y su hijo, por demostrar tanto amor.

Gracias a Dios o al destino, por llevarme a visitar a Pablo y hacerme participe de tantas cosas.

Desearía que desde aquí, Pablo les haga ver la vida desde otra perspectiva, como a mi me la hizo ver en su momento.

Aunque en mi camino, se han cruzado muchos seres especiales con mayor o menor fortuna, sobre todo niños, tal vez la mayoría de ellos lleguen a ser hombres y mujeres el día de mañana (de hecho algunos de ellos ya lo son o están en el periodo de la adolescencia), pero sobre todo, hay que tener una cosa en cuenta:


"Todos cumplimos una misión en esta vida, aunque a veces una venda haga que no veamos la utilidad de cada situación"

Gracias a todos ellos, porque me han hecho ver lo humana que soy. Muchas gracias.

domingo, 6 de julio de 2008

'Enfrentandonos a nuestro Toro personal'


¿Qué ocurre cuando nos enamoramos?

Es… como si un duendecillo travieso entrara dentro de nosotros, invadiendo todo con su magia, inundando nuestros sentidos, haciendo que veamos solamente lo que deseamos ver.

A la vez nuestro niño interior, empieza a enviarnos mensajes, diciéndonos:

- ¡Oye! ¡Para un poco y héchame cuenta! ¿no ves que si continuas, existen todos estos problemas?

Y nosotros como adultos que somos, inmediatamente lo mandamos callar:

- ¿Qué sabrá este mocoso lo que me conviene? – pensamos cegados por esa venda imaginaria y la vez mágica que el duendecillo nos ha regalado, para taparnos los ojos del alma…

En otras ocasiones, el duendecillo, quiere que contemos nuestros sentimientos y nos dice:

- Dile lo que sientes, que no puedes dormir pensando en su persona… no te calles y cuéntale que tu corazón se pararía de dolor si la/lo perdieras, sincérate y háblale de tu amor.

Pero el niño interior, por otro lado nos da sus indicaciones:

- ¿Cómo? ¿Estas loc@?, ni se te ocurra desvelar tus sentimientos o todo se irá al traste.

Cuando estos, el niño interior y el duende, se encuentran e inician un diálogo mutuo, la batalla se desata, en esas circunstancias, es cuando se recurre a las amistades, hermanos, padres, psicólogos… dependiendo de cada persona. Y estos, dependiendo del grado en que se manifiesten en ellos el duendecillo o el niño interior, nos darán su propia opinión, por que sin lugar a dudas, el adulto que somos está tan embriagado, que aún no llega a tener conciencia suficiente, como para tomar una decisión. Y sin embargo... ¿quién es lo suficientemente objetivo, si cada uno tiene una perspectiva distinta según su ángulo de visión?



Pero… ¿Cuáles son los problemas?

Evidentemente, “los miedos” que todos tenemos, tal vez condicionados por experiencias anteriores o el no habernos enfrentado con anterioridad a esta situación, lo que hace que no sepamos como actuar.

Se puede optar por dos decisiones:

a) No enfrentarnos a esta situación, porque el niño interior nos diga:


- ¿Merece la pena? Piénsalo bien… - y nos ofrece toda una lista de razones o excusas.

b) Cogemos el toro por los cuernos, como se suele decir en mi tierra y nos lanzamos al ruedo.


Esta claro, que en una corrida te puede coger el toro, pero si nos paramos a pensar, la mayoría de las veces es el torero el que sale victorioso. Es evidente, que en ese momento esto se tiende a ignorar… sobre todo al estar solos, en medio de la plaza… enfrentándonos a todos nuestros miedos y cuando uno esta delante de ellos, vienen a ser como un toro de 500 Kg., mirándote fijamente a los ojos… transmitiéndote que la lucha va a comenzar, que lo pienses bien y lo dejes salir por la puerta del burladero por donde llegó… Algo en nuestro interior, nos incita a continuar y al primer pase de pecho, el valor nos va inundando y cuando frente a frente miramos a ese miedo, sentimos el silencio que nos rodea… la tensión que nos circunda… y cuando esa barrera cae, tenemos el valor suficiente como para darnos la vuelta, dándole la espalda, vencedores… de repente el silencio se rompe y en la plaza se oye un olé, que nos eleva el alma y decidimos continuar, porque la adrenalina que circula por todo nuestro organismo, nos da la fuerza necesaria para acabar la faena y salir victoriosos de la plaza e incluso si se nos da bien la tarde puede que salgamos por la puerta grande.

De la decisión que tomemos, dependerá nuestro futuro y nuestra felicidad.

A veces, un tiempo de reflexión no viene mal, pero cuando se trata de amor, existen dos partes y la contraria también libra su batalla con su duende y su niño interior.

Cuando nos enfrentamos a nuestros miedos y salimos victoriosos, es el adulto el que entra en acción y tanto el duendecillo, como el niño interior, se desvanecen al llegar a un equilibrio.


Orden de reparto según Sigmund Freud:

Adulto……………... Yo
Duendecillo…….... Ello o Id
Niño Interior……. Superyo, Super-Ego, conocido también por Ego
Toro……………...... Nuestros miedos

miércoles, 25 de junio de 2008

'El camino hacia uno mismo'


Siempre he pensado que la vida es como un camino…en el cuál nos vamos encontrando con personas, unas veces el encuentro es solamente el cruzarse fortuitamente, otras nos acompañan durante un pequeño trayecto y existen seres que durante unos periodos más o menos largos e incluso durante toda nuestra vida vienen con nosotros, aunque hace poco descubrí que sólo un ser nos acompaña durante toda nuestra existencia, sin separarse jamás de nosotros, año tras año, día tras día, minuto a minuto, desde el principio hasta el final y ese ser somos nosotros mismos.

En una ocasión, alguien me dijo:

-Existe en ti la mujer trabajadora, la mujer mamá, la mujer que estudia, la mujer que se dedica a su casa, a la familia, a los amigos… pero, ¿y la mujer que se dedica tiempo a ella misma? (esta pregunta también se puede plantear desde el termino masculino ¿no cree?)

No me hizo falta reflexionar mucho, a esa mujer no le dedicaba ni un nano segundo ¿Por qué?

A esta respuesta si que había que dedicarle su tiempo, pero en ese momento, la persona que me sumergió en la búsqueda de esa mujer, no me orientó como debía o simplemente, lo que hizo fue darme el empujoncito suficiente, para que la maquinaria empezara a funcionar, eso tendría que averiguarlo por mi misma con el paso del tiempo. Ella sólo se limitó a invitarme a pasar a la vida, a que me apuntase a hacer actividades que me agradaran y que me hicieran formar parte de un grupo con quien volver a relacionarme, y eso hice, aunque para ello hiciera falta otro ser, que me hizo sentir la necesidad de empezar a ser yo misma, un ser que aunque me enamoré de él, la vida o las circunstancias hicieron que no fuese correspondida de la misma manera y que nuestros caminos se separaran, aunque en mi mochila guarde muchas cosas que encontré estando a su lado y que han sido en parte las que me han hecho llegar a replantearme, cuestionarme y sobre todo, empezar a buscar a esa mujer que en algún recodo del camino, se quedo atrás… ahora es tiempo de salir a buscarla, de encontrarla y abrazarla de nuevo para que ocurra lo que ocurra, no se separe de mi.

No sólo somos una cosa en la vida, somos polivalentes en muchos aspectos, aunque no nos percatamos de ello por estar demasiado habituados y “ocupados” ; en esta sociedad, en la que todo gira tan deprisa, para lo mas esencial no dedicamos nada de tiempo, por que siempre consideramos que hay algo más importante que hacer y sin darnos cuenta, empiezan a surgir carencias que van haciendo mella silenciosamente, puede que algún día la veamos o puede que arrastrados por la vorágine de la sociedad, lo sigamos ignorando hasta que nos vayamos de esta vida, pero estoy segura que más de uno de ustedes al igual que yo, en algún momento de su existencia, ha tenido la necesidad de estar a solas , se ha replanteado si en realidad le gusta lo que hace, que ha sido de su pasado, que quiere para su futuro, seguramente se ha preguntado quien es y a dónde va… sintiendo la necesidad de hacer un parón, meditar, ponerlo todo claro para continuar caminando, sacar de la mochila que lleva en el viaje de la vida, lo innecesario, aligerarla de peso y dejar lo verdaderamente útil en ella, para seguir con el camino que quede por recorrer, dejando la bolsa tan liviana que nos permita disfrutar de todo lo que nos rodea, sin olvidarnos de lo más importante, nosotros mismos.

miércoles, 18 de junio de 2008

Cuando una puerta se abre...


Todos conocemos ese dicho: Cuando una puerta se cierra, cientos se abren…pero, ¿cómo funciona?

Cuando todo parece ir mal y se cierran todas las puertas, sumiéndonos en la más profunda oscuridad, hay que esperar a que nuestros ojos, se aclimaten a la nueva situación, después de estar deslumbrados, la ausencia de luz requiere un proceso de adaptación, una vez la vista lo ha hecho, empezamos a percibir un tenue halo de luz, como en una cámara oscura, las imágenes se proyectan al revés, no dejandonos ver la realidad tal cual es. Entonces… la curiosidad puede hacer que nos acerquemos a la rendija a través de la cual pasa la luz y atisbemos por ella, viendo de manera limitada, que los objetos que se perciben del revés, ahora se ven tal cual son. Pero… si hay una rendija puede haber una ventana ¿por qué no abrirla? Al abrir esta ventana, la luz comienza a entrar en la habitación a raudales y nos deja ver lo que hay en su interior. Al haber estado a oscuras, la habitación, puede estar desordenada, con mucho polvo en todas e partes e incluso con telarañas. Empezamos a ordenar y a limpiar, una vez lista la casa, volvemos a pensar en lo que había fuera, nos asomamos y redescubrimos el mundo exterior, allí asomados vemos como pasa y se desarrolla la vida, y de repente, nos percatamos que lo que era una ventana no es tal ventana, sino una puerta, ¿Qué hacemos? ¿la abrimos? Si la abrimos y salimos, se nos puede cerrar y el confort que tenemos lo podemos perder, así, podemos permanecer un tiempo o toda la vida.

Nos aventuramos… la abrimos… y pensamos en la oportunidad de atravesarla para sumergirnos en el mundo exterior, damos un primer paso, otro y otro más y vemos que lo que nos rodea es un mundo de sensaciones y experiencias de vida… comenzando a disfrutar de ellas.

Descubrimos, en ese mundo que no estamos sol@s, que existen otros seres que son semejantes y empezamos a compartir experiencias, aprendemos a relacionarnos de nuevo, y llega un día que alguien nos invita a entrar en su mundo, a atravesar esa puerta... que también había atravesado ese ser, como nosotros hicimos en su momento.Entonces... decidimos hacer lo mismo e invitamos a pasar a través del umbral de la nuestra.

La vida continúa, puede que las puertas se vuelva a cerrar, pero la experiencia hará que sea por poco tiempo, el que los ojos tarden en adaptarse a la penumbra, para decididamente acercarse a la rendija, abrir la puerta y salir de nuevo al exterior, comenzando de nuevo a vivir, cuando una puerta se abre...

miércoles, 11 de junio de 2008

'El Arco iris, tobogán de los Ángeles'



- Mami, ¿qué es el arco iris?

- Es el tobogán por el que los ángeles bajan del cielo para ayudar a las personas.

- ¿Un tobogán de colores?
- Si de 7 colores, aunque realmente sean de 6.

- ¿Cada color es un tobogán como los del parque acuático? Por que el arco iris sale cuando llueve, verdad... mama? Y tienen agua como los otros…

- Si hija mía, salen cuando llueve y luce el sol a la vez. Y dependiendo del color por el que bajen los ángeles, se dirigen a un lugar determinado, donde poder ayudar a las personas.

- ¿Si... mamá? – le dijo la niña con carita asombrada.

- Si, verás… Los colores son: rojo, naranja, amarillo, verde, azul (añil) y violeta. Unos bajan y van a los hospitales, visitan a los enfermos más necesitados y los ayudan a unos a recuperarse, a otros a seguir su camino hacia Dios, o simplemente, les hacen compañía.
Algunos bajan y van a los lugares dónde hay catástrofes, como puede ser una guerra, un terremoto, un ciclón… y ayudan a las personas que allí se encuentran.
Existen ángeles que iluminan el pensamiento de algunas personas, dándole el conocimiento para descubrir algo en beneficio de la humanidad.
Otros, nos acompañan cuidando que no nos pase nada malo.

- Si los ángeles tienen alas… ¿Por qué no bajan volando mami?

- Bajan en el tobogán del arco iris, porque, no todos tienen alas. Te los puedes encontrar en cualquier lugar, porque existen ángeles que se ven y otros que no.

- ¿Si…mama?

- Si mi niña, los que no se ven son nuestra conciencia, el pensamiento que nos dice, lo que esta bien y lo que está mal.

- ¿Y los ángeles que se ven mami? Yo no he visto ninguno...

- Mi vida, todos los días los vemos, un ángel, puede ser un bombero, un médico, un barrendero, el panadero, incluso tu amiga o amigo, porque en un momento determinado, todos estamos llamados a ayudar a alguien, en algún que otro momento de nuestras vidas.

miércoles, 4 de junio de 2008

'El regreso a Sevilla'


Tras un tiempo en el campo, regresó a la ciudad ¡Cuánto había cambiado! Y sin embargo... le gustó, tardando poco tiempo en formar parte de su ecosistema.

Llegó una tarde de primavera, la Sevilla que podía ver desde el cielo, no era ni mucho menos la que recordaba cuando se marcho con sus padres a vivir en la Serranía de Ronda y sin embargo… el encanto que emanaba de ella, aún se podía respirar en el aire.

Buscó un lugar dónde dormir aquella noche, encontrando una buhardilla, en cuyo techo existía una claraboya, a través de la cuál, se divisaban casi todas las estrellas del firmamento, confiriéndole al techo un espacio único y maravilloso en toda su magnitud.

Al día siguiente cuando despertó, salió con el objetivo de buscar un lugar confortable, dónde alojarse y tener su hogar.

Visitó muchos rincones de Sevilla: El Barrio de Sta. Cruz, La Plaza de San Andrés, Triana, La Macarena, Alameda de Hércules, Los Jardines de Murillo… recorrió el centro de la ciudad, todos los lugares que visitó tenían su encanto, pero no llegaba a encontrar lo que buscaba.

Decidió dar una vuelta por el Parque de María Luisa, la última vez, que anduvo este parque, jugó con sus hermanos al esconder entre los árboles, que felices momentos aquellos… De pronto, sintió como el calor primaveral le hacía sentir sed y fue a refrescarse un poco, en una de las fuentes del parque de las palomas, siempre le habían parecido curiosas esas dos fuentes idénticas, con forma de mujer que sostienen en sus rodillas esa especie de palangana, de la cual brota el agua… dónde tantos Sevillanos grandes y pequeños, generación tras generación, han apagado la sed en más de una ocasión.

Entonces se acercó ella, le pareció el ser más hermoso de la creación, empezó a revolotear alrededor suyo y el hizo tres cuartos de lo mismo revoloteando tras aquella lindeza, entonces... tímidamente se alejó de el. ¡No podía dejar que se fuera de aquella manera! la siguió y la vió allí en la Jacaranda, cuando el hizo intención de acercarse, ella voló rápidamente hacia un Ficus enorme, recio y fuerte.

¡El Ficus! Aquel era el lugar perfecto, por fin había encontrado lo que tanto había buscado, allí haría su nidito de amor y ella le ayudaría a crearlo, a compartirlo… siendo la señora de ... un ruiseñor.

miércoles, 28 de mayo de 2008

'El manantial de la vida'


El, miró hacia el río de sentimientos que fluía en su interior, las experiencias vividas, reflejaban en el agua cristalina de su mirada, emociones que habían estado contenidas y que ahora brotaban, como un manantial surcando sus mejillas. Cuanto tiempo había ansiado, que llegara ese momento y ahora, que por fin lo conseguía, la felicidad hacía que se desbordase.

En su ser, sintió hacia muchos años el amor, esa pasión arrolladora, que le hizo vivir las veinticuatro horas: pensando, añorando y a la vez deseando ver a esa mujer, de la cual se había enamorado, pero el tiempo pasó y no tuvo la suerte de compartir toda la vida con ella, el destino les sorprendió separando al uno del otro.

Entonces, salió a la búsqueda de ese sentir… ese palpitar… de las mismas emociones que vivió junto a ella, busco y no encontró, quiso amar pero no pudo, cuanto más deseaba enamorarse… más se alejaba ese sentimiento de el ¿por qué?

Porque cuando lo conoció no lo buscaba, el amor lo encontró a el, para darle de beber del manantial de la vida, pero cuanto más dulce le pareció, más amargor le produjo en la separación, creando el anhelo de volver a beber de sus aguas, tras haberlas probado una vez.

El amor, como sabía que lo andaba buscando, se escondió, a veces fue detrás de una mirada… otras de una sonrisa…en ocasiones de una palabra…, jugó con el y a su vez el jugó con el amor, así aprendió el juego, viendo que la única manera de encontrarlo, era como la primera vez, sin buscarlo, siendo el mismo.

Entendió que el amor, se comporta como un niño pequeño lleno de impaciencia, que en su frenesí de algo que quiere, no encuentra lo que busca con tanto anhelo, al no esperar a calmarse para ver con claridad.

Se preguntó: - ¿Cómo encontrarlo?

Y la respuesta de su corazón fue:- Amate a ti mismo sin condiciones, sin exigirte nada, acéptate tal y como eres, aprende a estar a gusto contigo mismo, sólo así podrás amar a una mujer sin exigirle, aceptándola tal cual es, sin pedirle nada a cambio, el amor es una entrega total, donde dos seres se dan mutuamente sin condiciones.… cuando el amor vuelva a ofrecerte del manantial de la vida, lo único que tendrás que hacer, es compartirlo con la mujer que te acompañe en el viaje de vivir.

miércoles, 21 de mayo de 2008

"El niño marinero"


Ella lo llevó, en la cuna de sus entrañas, meciéndose en sus aguas como un pececillo en el mar, cuando se acercaba a la costa, le gustaba varar en la arena, entonces… su madre lo sentía… ponía una mano en su vientre y percibía a su niño marinero.

Cuando nació, una ola de agua salada lo arrastro a la vida. El pececillo, aspirando una gran cantidad de aire, se convirtió en un bebe de ojos azules como la mar.

De sangre marinera… su padre, tíos, abuelos, bisabuelos y hasta dónde les permitía su memoria llegar, habían sido trabajadores de la mar, cultivando el arte de la pesca.
Tejiendo sus redes... esas que en el agua se tornan magicamente invisibles, adornadas con bollas de cristal transparente, que las elevan por el borde, enmarcando una telaraña, donde el pez que entra no vuelve a salir.
Haciéndose a la mar en una frágil y pequeña barca de madera, cual delfín, que jugando con las olas se adentra en el mar, para hacerse del tesoro que esconde en sus aguas.

Fue creciendo… sus primeros pasos, tocaron las arenas finas y doradas, de la playa de Punta Umbría.
Sus juguetes fueron las conchas y caracolas que el mar le traía.

Y se fijó un día, en un pino piñonero, que cerca crecía… sus ramas parecían espinas. Era curioso compararlo con las matas que solían crecer en la arena. De vez en cuando sus padres cogían piñas, le sacaban los piñones y los tostaban en una fogata que hacían en la playa.

Su casa, estaba a la orilla del mar, hecha de tablones de madera y encalada de blanco. Cuando se entraba…varios camastros con mantas grises, dónde dormía toda la familia, un baúl donde guardar la poca ropa que tenían y como enseres: un pequeño infernillo para cocinar, a veces valía incluso una fogata, un lebrillo pequeño para fregar, y unos cuantos utensilios de cocina.

Aún teniendo tan poco, eran felices, su vida era el mar, el sol, la arena, alguna que otra persona que llegaba por allí raramente en verano y su barca.

Su madre, le enseñó a coger coquinas cuando tenia 5 años, fue jugando con ella como aprendió a encontrarlas (no sólo el mar escondía tesoros, la arena que el mar bañaba, acariciando con sus olas también los ocultaba), solamente había que esperar a que una olita llegase, entonces… podía observar unas pompitas y velozmente escarbaba con su pequeño pie, capturando una coquina, que rápidamente ponía en su cubito de plástico.

Y el pino seguía allí curiosamente observándolo todo…

Pasaron unos años, su madre soñaba verlo mayor y saliendo a pescar con su padre y hermanos en la barca. Sería el marinero más guapo de todos los del lugar… con su pelo rubio, su piel tostada por el sol y esos ojos tan azules…

Cuando el tenia siete años, enfermo junto a sus hermanos, contrayendo unas fiebres que nadie sabia a que eran debidas, más tarde se supo que habían comido del pino, cuando las piñas estaban aún verdes. Todos se recuperaron, pero el que era el más pequeño, no tuvo tanta suerte, quedando paralítico.


En la arena, se le podía ver siendo ya un adolescente, sentado, mirando fijamente a la mar que se reflejaba en sus ojos o ¿tal vez el color de estos, se reflejara en el agua salada?...Quizás, ese reflejo mutuo, el ir y venir de las olas, seguida de la respiración acompasada de el, fuera la simbiosis de ambos en un océano de sentimientos y experiencias.

Y pasó el tiempo... el futuro del niño marinero, lo dejo a su elección.

miércoles, 14 de mayo de 2008

"Las Rosas Rosas"


Y vino a ella el aroma del rosal, tan tenue como la vida misma… tan frágil, como el velo tejido por una araña… tan sutil, que enarboló sus sentidos sin darse cuenta, llevándola a su niñez…

Al pie del limonero, allí, plantado junto a este, se encontraba el rosal de rosas color rosa…

Se acercaba al rosal con cuidadito de no pincharse, ni enganchar el vestido que aún olía a recién planchado… aproximándose a esas rosas rosas tan delicadas como un bebe, para introducir su naricilla y llenar sus sentidos con la esencia de su perfume…

Recordó como después de la siesta, su madre, tras bañar a su hermano y a ella, les daba de merendar y baldeaba el patio con el cubo de cinc.

Lo llenaba en la pileta, con una mano lo cogía del asa y con la otra esparcía el agua. Así… magicamente, al caer las gotas en el suelo, hacia que brotará ese olor inconfundible a tierra mojada, trayendo a las tardes de verano, los días de lluvia del invierno, refrescando el ambiente y engalanándolo con aromas diversos. Según donde iban cayendo estas gotas de agua, se percibía: la hierba buena, la cineraria, las rosas... los tomates plantados en las macetas, el apio, los claveles, las gitanillas, los geranios… esos aromas de nuestra tierra, que son un regalo maravilloso para los sentidos.

Le encantaba el momento en que se baldeaba el patio, pues los olores que se percibían eran un regalo que esperaba con impaciencia cada tarde, era como destapar el frasco de un perfume exquisito… al olor a tierra mojada, le seguía el despliegue de un arco iris de aromas y matices que las plantas y flores del patio de la casa iban dejando escapar como agradecimiento al agua recibida en esos cálidos días de verano.

Después de todo este despliegue de sensaciones, se acercaba nuevamente a oler esa delicada rosa rosa, era como un hasta mañana, antes de salir a jugar con las otras niñas y niños de la calle en que vivía.

Sin saber que un día lejano y cercano en el tiempo, las rosas rosas, la harían volar con la imaginación al patio de su niñez, al rosal que ya no esta allí plantado, pero que brota en su corazón, sin espinas y con un aroma sutilmente embriagador.

miércoles, 7 de mayo de 2008

" 'Ella' y 'El' "



El aroma del café, subía humeante y sinuosamente… inundando los sentidos de la pareja que se encontraba sentada en una cafetería de la Campana, sitio muy conocido y particular en la ciudad de Sevilla.

Fuera llovía, haciendo que se creara dentro del local donde se hallaban, un ambiente muy íntimo y acogedor, como si estuviesen dentro de un refugio, en medio de la gran ciudad.

Un caballero de mediana edad y una señora un par de años más joven que el, sentados uno frente al otro, en una complicidad de miradas, empezaban a conocerse en el reencuentro de toda una vida.

El, le tomo la mano, para depositar en el dorso de sus dedos un cálido beso, a la vez que una mirada penetrante volaba hacia los ojos de ella, haciendo que no pudiera evitar el esquivar la mirada de el. Como la hacia sentir… Dios mío, era como volver a tener veinte años, los mismos sentimientos… el renacer de las emociones…

Las palabras estaban de más ¿para qué?, cuando con el amor todo sobra.

Sus manos se abrazaron sobre la mesa, bajo la complicidad de sus miradas.

La mano de ella subió hacia el rostro de el, para acariciar su mejilla con una ternura inusitada, que le hizo sentir el hombre más afortunado del mundo ¡Caray! Como amaba a aquella mujer…. Si pudiera por un momento estar ella en el para sentir sus emociones…

Se miraron nuevamente a los ojos… con sus manos entrelazadas, se comunicaban a través de un intercambio de energía mutua, que recorría sus cuerpos con la misma fuerza e intensidad del primer amor.

De pronto miraron por el ventanal, dándose cuenta que había parado de llover.
- Los niños habrán llegado a casa – dijo el.

- Si, es tarde, debemos regresar.

Terminaron de tomarse el café, pidieron la cuenta y al salir, el abrió la puerta para que ella pasara, sus ojos se encontraron nuevamente, en ese intercambio de miradas se brindaron un beso en el alma.

Caminando hacia el aparcamiento de la Plaza del Duque, sus corazones iban unidos a través de sus manos entrelazadas.

miércoles, 30 de abril de 2008

"El amanecer"




Salgo de mi casa para ir a trabajar, me monto en el coche, lo pongo en marcha, gradúo la temperatura pero no la conecto y pongo música.

Cuando voy subiendo la cuesta, para coger la rotonda y girar, algunas mañanas de tarde en tarde, veo la luna grande…redonda… muy cerca de la tierra, junto a una estrella, que también ocasionalmente se deja ver junto a ella, los árboles plantados en la glorieta, la enmarcan dándole el aspecto de un cuadro maravilloso. Como me gustaría quedarme a contemplarlas y deleitarme con ese momento, que se convierte en mágico al repetirse en contadas ocasiones, pero giro en la rotonda, dejando atrás esa imagen que se convierte en el deseo de una estrella fugaz.

Otros días, al bajar del Aljarafe, el amanecer se dibuja con una paleta de colores esplendidos, rosas, púrpuras, anaranjados, azules…

Veo la Giralda y la Catedral a lo lejos enmarcadas en un momento único, con unos colores que no se volverán a repetir.

Otros amaneceres, tendrán la misma peculiaridad de hermosos e irrepetibles, en otro espacio de tiempo y lugar.

Que deleite contemplar la naturaleza en toda su magnificencia, detalles que nos pueden pasar inadvertidos en muchos momentos de nuestra vida, pero que cuando nos percatamos que están ahí, disfrutamos con ellos paladeando a través de la vista, el milagro de la creación, digna de un pintor sublime, llámesele el Universo o Dios.

Toda la ciudad, se baña con la luz producida en el amanecer…

La calidez del Sol naciendo y entrando por las ventanas….

Y en ocasiones, esa neblina disipándose… poniendo un tenue velo de organdí, confiriéndole al momento una magia especial.

Deje de leer por un momento, cierre los ojos e imagine un amanecer… su amanecer, su momento único con la naturaleza… y con usted mismo.

Cuando mañana amanezca, espero que vea el amanecer con otros ojos… los del alma. Paladéelo, otros seres lo estaremos haciendo en ese momento, brindando ese amanecer a la salud de todos.

miércoles, 23 de abril de 2008

"La avenida de la mujer imaginaria"


Hace tiempo iba en mi coche, eran las siete de la mañana, amanecía, pero aún era de noche y circulaba por una gran avenida por la que suelo pasar, para ir a trabajar como cada mañana, cuando me sorprendí pensando, en lo afortunada que era…

La avenida estaba toda iluminada, cada catorce metros, en sus aceras tenía una farola y entre ellas naranjos, que cuando es primavera inunda el aire con el maravilloso aroma del azahar, el firme en perfecto estado, sin baches, bien señalizado… y entonces mi mente se traslado a otros tiempos, muchos… muchos años atrás. Imaginé una mujer, a las siete de la mañana, en plena oscuridad, subida en un carro tirado por un mulo, a través de un camino maltrecho de tierra en medio del campo, sola… pasando frío, rezándole a Dios porque no le atacase nada, ni nadie y que las ruedas del carro siguiesen su camino sin ningún tropiezo, todo para ir a ganar el pan de los suyos. Da miedo ¿verdad? ¿Cuántos de nosotros se atrevería a hacerlo en tales condiciones? Y sin embargo aún existen mujeres y hombres, que lo hacen en esa y en peores circunstancias.

Cuando volví a la realidad, en mi coche, con la calefacción encendida, resguardada del frío y de los días de lluvia, me sentí como una princesa en un cuento de hadas, (que es como esa señora producto de mi imaginación, se hubiese sentido de haberse trasladado al tiempo actual, tan solo con su imaginación).Que lujo poder viajar así, como lo hacemos nosotros…

Desde entonces cuando paso por esa avenida, disfruto de ese momento... de ese camino bordeado de árboles, todo iluminado... sintiéndome como esa mujer imaginaria, que se traslada por un momento a nuestro tiempo, para disfrutar del camino que la lleva al trabajo.

miércoles, 16 de abril de 2008

"El Diamante"



Recientemente, salí con una persona y al principio de la relación que fue más que breve, fugaz, escribí lo siguiente después de nuestra primera cita:

Normalmente nos autoengañamos, al intentar agradar a la persona de la que supuestamente estamos enamorados, no es la imagen real de nosotros mismos, la que estamos ofreciendo en ese momento.


Cuando alguien nos gusta, intentamos atraerlo agradándole tanto visual como psicológicamente, interpretando un papel de alguien que no somos, luego una vez conseguido el objetivo, sea, una relación más o menos estable o más bien cuando ambas presas, han caído en las redes del contrario, es cuando nuestra verdadera personalidad casi asfixiada, por la que hemos adoptado, en nuestro intento de conseguir al otro, empieza a salir y es cuando surge el desencanto.

¿No hemos mantenido una conversación con nuestras amistades sin que los cónyuge o parejas estén presentes y hemos oído a alguien decir:
- Realmente como "yo soy", es cuando estoy con mis amigos-as, con mi pareja no me atrevería a hacer o decir tal cosa…?

Seguro que hemos compartido su opinión, ¿a quién queremos engañar? ¿Por qué no ser de 1ª hora como somos en verdad, sin representar papeles y que nos acepten o no tal y como somos?

Quizás habrían menos separaciones, aunque el tema es complejo y desde muy pequeños, se aprende a guardar las apariencias, a mentir y ocultar nuestro verdadero yo; nos enseñan como agradar a los demás, empezando por nuestro padres, profesores…siendo precisamente estos los que nos enseñan a hacerlo, porque cuando se nace el alma es pura y se muestra tal cuál es.

¿Por qué nos avergonzamos de nuestro propio yo? ¿Tan baja autoestima tenemos que valoramos más a un extraño que a nosotros mismos?
¿Qué tememos del comportamiento de nuestra pareja? ¿Por qué sentirnos indignos si somos tan valiosos como cualquier otro ser humano?

Hay que aprender a quererse a sí mismo tal como se es y aprender a querer y aceptar a los demás como son.

Intentamos cambiar a los demás, cuando ya nos es imposible seguir siendo quién no somos. Y esto acaba deteriorando la relación, convirtiéndola en un campo minado del que es difícil salir sin ayuda y voluntad por ambas partes.

Al final de la relación llegué a la siguiente conclusión: "Hay que ser uno mismo , cuando te intenten convencer sutilmente, de que debes cambiar por que eres un diamante en bruto, no lo creas, todos somos un diamante tallado, sólo hay que esperar que llegue alguien, que sepa ver dentro de nosotros ese diamante, a través de los rayos del amor".

jueves, 10 de abril de 2008

"El Olivo"


Ayer, cuando estaba en el pequeño campo que tienen mis padres, me dije: - Vamos a ver como anda la floración de los olivos... (Soy alérgica al polen de estos árboles, de ahí el interés en verlo).

No son muchos los olivos plantados, serán unos 5 ó 6 y da la casualidad que están en hilera. Hay en los extremos de esta, dos olivos centenarios y en el centro, otros plantados hace unos años.

Empecé viendo las flores del más lejano a la verja de entrada, terminando en el más cercano a esta.

La tierra estaba removida y seca, a cada paso que daba, esta crujía y mis pies se hundían dejando mi huella.

Puse mis manos en su piel... esa corteza dura y cuarteada, miré hacia arriba y vi como entre sus ramas el sol se filtraba, observé que en su tronco, vivían otras criaturas: caracoles minúsculos y grandes, arañas... incluso tenia parásitos que lo enfermaban, era un microcosmos como en el mundo en que vivimos pero todo se limitaba al árbol. Recorriendo con mi vista su piel resquebrajada, llegué a un recodo que me dejaba ver a través de él, sin dejar de tocarlo, fui girando hacia el lado contrario y allí me percaté de que su interior estaba hueco, era como si su alma... se encontrara vacía.Dentro, había caído un trozo de madera, hojas y otros elementos, me transmitió soledad, poco interés por la vida; su interior estaba vacío y triste. Toque sus pies que se hundían en la tierra, formando esas raíces que vivían en ese mundo subterráneo que yo no podía ver. En un costado de su tronco, un orificio dejaba ver una madera suave y lisa, era el hueco exacto para mi mano, introduje esta en él y lo sentí, era como la piel que tuvo en otra época, cuando era más joven, aún vivía en él esa parte, que aunque oculta por la experiencia de los tiempos, seguía latente en su interior. En sus pies otras plantas crecían como acompañándolo, dándole cariño y a la vez, buscando su protección al ser más grande y fuerte. No estaba solo, los pequeños seres que vivían en el y cerca de el formaban una simbiosis especial, un intercambio que sólo ellos pueden entender y experimentar.
El siguiente árbol, era joven, tenía una piel tersa, pero empezaba a cuartearse.

El tercer olivo... era de la misma edad que el anterior, también su corteza era muy suave y no estaba cuarteada, se veía flexible y no tan duro y recto como el primero, como todos los seres vivos en su juventud, era flexible y abierto a la vida, sin tener la experiencia y la sabiduría que proporcionan los años, estaba dispuesto a vibrar con el viento, se podía doblar y su piel tanto como su alma no estaba curtida por los avatares de los años. Al tocarlo, puede sentir como la savia, se impulsaba por su interior...
Fui así viéndolos, hasta llegar al 2º y último árbol centenario, se parecía al 1º, pero su tronco... no estaba hueco, miré sus ramas y observé que excepto dos ramas fuertes y con la misma piel que el tronco, el resto de ramas eran jóvenes, como si siendo tan viejo como el 1º, su alma se elevara hacía el cielo con la misma fuerza y alegría de la juventud, con esa flexibilidad de los primeros años, pero con la experiencia de los cientos de años vividos.

Regresé al 1º y pude observar, que la mayoría de sus ramas eran secas y duras, como un ser en su senectud, al que se le acaba por momentos la alegría de vivir.

Volví al más alejado de la verja y lo sentí, lo rodeé con mis brazos, apoye mi cuerpo y mi rostro sobre él, aunque aspero y un poco punzante, lo abracé con ternura y así permanecí un tiempo, un regalo mutuo de la naturaleza, dos seres distintos... "yo lo abrazaba, él se dejaba abrazar, pero al permitirme hacerlo, dándome algo muy importante...su energía".

¡Ah! De las flores que mi vista pudo alcanzar, todas estaban cerradas, excepto una, la primavera está comenzando para el olivo y para los alérgicos también.